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SiC | Yucatán | Inventario del patrimonio cultural inmaterial
Joyería de oro esmaltado


Clave:
AM5-YUC-1-9


Lugar de realización:

Valladolid, Yucatán






Ámbito(s) por el elemento o manifestación cultural

Artes y oficios tradicionales


Comunidades, los grupos o los individuos interesados

Comunidades indígenas mayas del oriente y sur oriente de Mérida. Maestros especialistas en joyería de oro esmaltado.


Lugar donde se practica

La región oriente esta conformada por 22 municipios, cuyo eje fundamental es el municipio de Valladolid, el tercero más poblado después de Mérida. Según el censo de población 2000, la población maya hablante de 5 años y más representa el 63.44%. La región oriente se caracteriza como una zona productiva maicera, siguiendo las técnicas de la agricultura tradicional de roza-tumba y quema, teniendo como centro de producción la milpa, con el cultivo del maíz, asociado al fríjol y la calabaza. En su territorio destacan pueblos considerados como tradicionales, respecto a la cultura maya, donde se conservan aún prácticas y costumbres como: el uso de la lengua maya en la vida familiar y comunal, la vestimenta femenina tradicional, la celebración de las ceremonias agrícolas, las prácticas de medicina tradicional, los antiguos sistemas de cargos y la organización de las fiestas patronales.


Descripción de la manifestación cultural

En Yucatán la orfebrería inicia con la llegada de los españoles. Entre los primeros frailes y soldados que llegaron, algunos eran plateros y orfebres que empezaron a desarrollar su arte y a enseñar a sus aprendices las técnicas del esmalte, la filigrana, el cincelado, el repujado y las monturas de piedras preciosas. Desde entonces se empezaron a fabricar -con diseños europeos- objetos de uso personal asociados a la nueva religión: rosarios, veneras, cadenas con cruces y medallas, entre otros. Los frailes se abocaron a la fabricación de objetos para el culto y los indios y mestizos, extendieron los trabajos a la elaboración de alhajas. Así nació la tradición que hasta hoy continúa entre las mujeres mayas y la población urbana, de usar alhajas con diseños tan característicos de Yucatán y que económicamente hace funciones de ahorro en la economía familiar. Una de las técnicas que identifica a la joyería tradicional de Yucatán es el esmalte, que consiste en colorear el oro con vidrio molido llamado esmalte, fijado por medio de calor. Esta técnica se conserva particularmente viva en el Oriente y sur-oriente de Yucatán, que es donde habita la población maya más tradicionales; sobre todo en la ciudad de Valladolid es donde esta técnica tiene gran importancia y donde están los mejores especialistas. El oro esmaltado se presenta en gran variedad de diseños que se aplican en aretes, anillos, pendientes y esclavas; generalmente se hacen en varios colores. Los dibujos que llevan las piezas son elementos de la naturaleza como flores, garzas, pavos reales, mariposas, la flor de lis y diferentes formas geométricas. Otra forma tradicional de decoración es poner una inscripción con las palabras Recuerdo, Cariño, Amor o bien el nombre de una persona. Los aretes suelen ser de dos piezas (arillo y pantalla) y pueden llevar adornos colgantes a los que llaman espaditas ó chilitos, según la forma. Los distintos diseños de aretes deben su nombre a la forma de la pantalla, como los de estrella, con forma de estrella de ocho picos y los bizcotela, en forma de rombo. Los diseños más populares son: el de placa de un solo color con una inscripción y el de placa con forma de pavo real, los de bizcotela, ovalo y flor, de colores y con figuras de animales o flores. Las medallas en forma de flor, bizcotela o rombo llevan esmalte en varios colores y se usan con soguillas y cadenas de dos vueltas. Las esclavas se forman con una placa que tiene diversas formas y en los extremos lleva de cuatro o cinco filas de soguillas muy finas unidas con unas pequeñas placas entre tramo y tramo. Los joyeros o plateros, como se les llama en Yucatán, constituyen el factor principal de la producción de joyería de oro, porque sus manos, su vista y su talento, son los ingredientes vivos que forjan las alhajas y mantienen la tradición. La mayoría de los joyeros son hombres de todas las edades que trabajan en modestos talleres y sus herramientas, al igual que el oficio, generalmente son heredadas de abuelos a padres.


Funciones sociales y culturales actuales en la sociedad que lo practica

Las mujeres mayas utilizan las alhajas como complemento indispensable de su vestimenta tradicional, ya que se considera que "una mestiza sin oro no es mestiza". Estas la acompañaran desde que nace hasta que muere. Se consideran como una inversión y se heredan a las hijas o sobrinas al morir. En algunos pueblos de Yucatán existen todavía costumbres muy añejas, relacionadas con el uso de las alhajas. Desde que nace una niña se le perforan los lóbulos de las orejas, donde llevará los aretes. El día de su bautizo, sus padrinos le regalarán sus aretes y quizás una soguilla con una medalla o una pequeña esclava. A los tres meses de vida, si se realiza la ceremonia del jetz mek, donde por primera vez se le sienta a horcajadas y se le instruye simbólicamente acerca de sus deberes y obligaciones en el hogar, lo primero que se hace es vestir a la niña con su hipilito bordado y sus padrinos le completaran sus alhajas. El matrimonio constituye la ocasión más importante en que la mujer maya recibe alhajas. Además del terno blanco de boda, el novio debe entregar a su prometida algunas alhajas. La tradición señala que se deben dar una cadena de dos vueltas con su medalla y seis escudos, una esclava, unos aretes y dos o tres anillos. Las mujeres mayas de la zona oriente, que es la más tradicional, tienen una marcada preferencia por el uso del oro esmaltado que es el que refleja mejor el gusto indígena por los colores y los adornos de pájaros y flores.


Riesgos que enfrenta la manifestación cultural. Posibles medidas de salvaguardia que podrían permitir protegerla y promoverla

La producción de la joyería tradicional de Yucatán, en especial la elaborada con esmalte ha visto reducido el número de especialistas que dominan esta técnica, concentrándose principalmente en la ciudad de Valladolid. El uso de este tipo de joyería se circunscribe a un mercado muy reducido, principalmente entre la población indígena de la zona oriente del estado, que debido a su precaria economía, muchas veces tiene dificultades para adquirir este tipo de alhajas, por lo que cada vez es más baja la demanda, con el inminente cierre de los talleres. Es necesario impulsar la producción de esta tipo de joyería tradicional y promover la enseñanza de la técnica dirigida a los jóvenes. Pero sobre todo se requiere activar el uso de la joyería de esmalte buscando nuevos mercados, conservando los diseños existentes, que estéticamente son bellos, e incursionar con otros diseños, recociendo siempre los orígenes de esta tradición, como se ha hecho en el caso de la filigrana.


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