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La carrera de bola rarámuri/tarahumara, Ralajípame- y la de aro -Ariweta-

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La carrera de bola rarámuri/tarahumara, Ralajípame- y la de aro -Ariweta-
000171CCHH0192008

augusto.urteaga@gmail.com
Clave

AM3-CHIH-1-41
Ámbitos representados por el elemento

Usos sociales, rituales y actos festivos
Comunidades, grupos o individuos involucrados

Se tomarán en cuenta las unidades político administrativas de carácter municipal con el mayor grado de población indígena rarámuri de la sierra del estado de Chihuahua. Por ejemplo, Guachochi, Guadalupe y Calvo. Batopilas, Bocyna, Urique, Morelos, Guazapárez, Uruachi, Maguarichi y Chínipas, ya que representan la variedad (en general) de los nichos geográfico-ecológicos en donde se establece el patrón de asentamiento sumamente disperso, de los Pueblos indígenas del estado (Neumann, 1682, en González R., 1994:79), característico de la asidua migración estacional de los núcleos habitacionales propios de estas poblaciones etnolinguisticas: las altas cumbres de considerables recursos forestales (pinaceas, encinos, madroño, cedros, etcétera) en donde prevalece el cultivo de frijol) y la profundidad impresionante de los cañones y barrancos (de clima y vegetación tropical) por donde discurren los grandes ríos hacia las cuencas del mar Pacífico del noroeste de México.
Descripción

Concentrados en la zona alta del oeste del estado de Chihuahua, en la región denominada sierra Tarahumara y que corresponde a una vasta porción de la Sierra Madre Occidental (aproximadamente 60,000 km2, habitan poco más de 75,000 rarámuris (comúnmente llamados tarahumaras por los no indígenas mexicanos y extranjeros), según las últimas estimaciones demográficas oficiales (CDI-PNUD,2006) sin duda el más numerosos de los pueblos originarios del noroeste de México.
Cuando los españoles tuvieron contacto con los tarahumaras, en la primera parte del siglo XVII, los indígenas estaban ya muy interesados en realizar juegos que implicaban las apuestas. En efecto, en ese siglo y el siguiente, las relaciones (descripciones) jesuitas de Ratkay (1685) y Stteffel [Circa, 1767] muestran claramente el interés de los tarahumaras por los juegos. También, y como lo demuestra la literatura etnográfica actual, los rarámuri contemporáneos continúan practícándolos, en especial el de la carrera de bola, y por ello con cierta facilidad podría suponerse que constituye la persistencia de una práctica prehispánica e históricamente ancestral. Sin embargo, (Pennington, 1970) afirma, como lo demuestran ampliamente los materiales en los archivos de documentación histórica, esta actividad es aparentemente una reciente adquisición -sobre todo en la utilización de la pelota confeccionada con madera- en el modo de vida indígena de este grupo, apoyándose fundamentalmente para ello en lo que denomina como evidencia adicional para la falta de antiguedad [sic.] de la carrera de bola...el hecho de que en ninguno de los sitios arqueológicos excavados hasta ahora [y cita para concluir su aserto el Report on the Archeology of Southern Chihuahua que Robert M. Zingg, elaboró para la University of Denver en el año de 1940] se ha encontrado una pelota de madera. (Pennington, 1970:4,6).
Pero sobre este asunto, y hay que decirlo sin ambages: actualmente es lamentable y constatable la ausencia de una tradición de investigación arqueológica mexicana sistemática con respecto a su región noroeste -por ejemplo como la desarrollada en el llamado southwest del territorio de los Estados Unidos-- lo que permitiría en el dilema teórico planteado por nuestro autor, al que ciertamente califica como un problema de difusión, al menos concederle como se menciona coloquialmente el beneficio de la duda, considerando con la seriedad académica debida su sugerente insinuación teórica, sin perder de vista la época en que la formuló.

Sin embargo, en este escueto ensayo, Pennington realiza una breve descripción de la carrera de bola [que] deriva de observaciones de campo realizadas por él en 1955 que, por supuesto, demuestran su innegable perspicacia etnográfica -- y lo conducen a categóricamente afirmar que estas costumbres representan los principale ritos mágico-religiosos asociados con la carrera de bola tal como se juega entre los tarahumaras contemporáneos--, y un manejo erudito de las diferentes variables culturales de utilización de la pelota como artefacto de juego colectivo indígena en todo el continente Americano, en Mesoamérica y, obviamente, en el contexto aborigen del suroeste actual de Estados Unidos y el también actual noroeste de México en los tiempos precolombinos y su innegable -al menos es por lo que él apuesta-- difusión. Así, termina aceptando que la falta aparente de una referencia al juego anterior al siglo XVIII, y la evidencia negativa de los sitios arqueológicos, no necesariamente constituye prueba positiva de que la carrera de bola no haya sido jugada por los tarahumaras en los tiempos precolombinos. Sin embargo, hasta que no haya evidencia satisfactoria en contrario, asume que el juego (con pelota de madera) no fue practicado por los tarahumaras en el siglo XVII, y que fue adoptado por los indígenas durante el siglo XVIII, tiempo en el que reemplazó al más antiguo ulé o uláma como juego principal. Si esta suposición es correcta, entonces ¿de dónde vino la carrera de bola y cómo llegó a reemplazar al juego de pelota de hule? (Ibid.,6) La respuesta de Pennington ante esta crucial interrogante, mantiene el mismo tono de suspenso que recorre todo su trabajo: como anotamos antes --sostiene--, la oposición misionera a todos los juegos asociados con apuestas y prácticas mágico-religiosas está bien documentada a México como un todo, pero falta evidencia específica para los tarahumaras.
Riesgos

La carrera de bola es más que un juego para los rarámuri. Aunque es una diversión placentera y jocosa --como en general conceptualizan la actividad labaral desde sus criterios culturales--, (Urteaga, 1998: 515-530), también es una actividad económica que nos recuerda una necesaria interpretación social de esta dimensión estructural en cualquier sociedad, porque le otorga una vida social a las cosas y al consumo y permite contemplar la institución de la donación en sociedades llamadas primitivas, no sólo porque cuestionan en cierto modo la economía llamada clásica, sino porque existen supervivencias que sólo pueden explicarse desde el punto de vista y el estudio de este fenómeno todavia históricamente existente.
 
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Fecha de última modificación: 3 de octubre del 2012, 23:16
Información proporcionada por:
Red Nacional de Información Cultural
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