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Caballero de Fuego o de la viruela (Ts’uulil K’áak’) en torno al Ciclo Ritual para la Veneración de San Diego de Alcalá en la comunidad de Nunkiní, municipio de Calkiní.

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Caballero de Fuego o de la viruela (Ts’uulil K’áak’) en torno al Ciclo Ritual para la Veneración de San Diego de Alcalá en la comunidad de Nunkiní, municipio de Calkiní.
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Ámbitos representados por el elemento

Conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo
Lenguas, tradiciones y expresiones orales
Artes de la Representación
Prácticas sociales, rituales y actos festivos
Conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo
Técnicas Artesanales (Artes y oficios tradicionales)
Ubicación geográfica y alcance del elemento

Se desarrolla en los barrios de Nunkiní: San Francisco, Guadalupe, en la colonia Centro, San Isidro y San Marcelino, así como en la plazuela ubicada en las inmediaciones de la Parroquia de San Diego de Alcalá. Asimismo, tiene lugar en la vivienda del patrón del mes de noviembre, ubicada en la colonia de San Francisco; en la casa del patrón de abril, situada en el barrio de San Martín; así como en la casa del patrón de la mestiza en el Centro. El ámbito espacial de la práctica se extiende, además, hacia zonas aledañas al monte.
Nombre de las comunidades involucradas

Población de Nunkiní, Calkiní, Campeche.
Descripción del elemento

El Ts’uulil K’áak’, Caballero de Fuego o de la viruela es la ofrenda mayor que la comunidad maya de Nunkiní, municipio de Calkiní, Campeche, dedica a San Diego de Alcalá, su santo patrono, en las dos festividades que le celebra cada año: durante la Octava de Pascua, en abril, y el 13 de noviembre, día de su conmemoración litúrgica. Se trata de una figura humana de tamaño natural cuya función es recibir las peticiones, enfermedades y males de los habitantes para después ser consumida por el fuego frente a la parroquia, como culminación de la fiesta patronal. Su cuerpo se construye a partir de una horqueta de madera obtenida en el monte, a la que se amarran bejucos para formar brazos y piernas; sobre esta estructura se colocan las prendas donadas por los devotos, se incorporan petardos en puntos específicos y se añade un rostro pintado, cuya elaboración corresponde por herencia a un portador de la comunidad.
Al Caballero lo acompaña la Mestiza, Xunáan K’áak’ o Dama de Fuego, su pareja ritual, elaborada también a tamaño natural, ataviada con terno y joyería aportada por los devotos e incinerada en el mismo acto ceremonial. La práctica se organiza en tres fases: el amarre, en el que los hombres de la comunidad, encabezados por el patrón en turno, construyen la figura y la visten con las ofrendas recibidas; el peregrinaje, durante el cual el Caballero recorre por tres días los barrios de Nunkiní acompañado por la charanga, los patrones y los devotos, quienes le encomiendan sus males; y la quema, en la que la figura es detonada en el marco de la procesión de San Diego de Alcalá y sus restos son recogidos por los asistentes como amuletos.
Entre las singularidades de esta manifestación destaca su fundamento en el k’eex , término maya que significa “cambio” y que designa el intercambio ritual mediante el cual un mal que aqueja a las personas se traslada a otro cuerpo que lo recibe en su lugar. Bajo esta lógica, el Caballero se arma a semejanza del cuerpo humano para que adquiera vida (óol) y atraiga hacia sí los malos vientos y padecimientos de la población; su destrucción por el fuego restituye la salud y el equilibrio colectivo. El intercambio descansa, a su vez, en relaciones de reciprocidad: los devotos entregan ofrendas a cambio de protección, los patrones asumen por herencia el compromiso de preparar la figura y quienes recogen sus restos adquieren la obligación de devolverlos en ciclos posteriores. Así, la salud y la enfermedad se conciben como asuntos de toda la comunidad.
Otro rasgo distintivo es la articulación entre la devoción a San Diego de Alcalá y la dimensión cultural maya de ambos personajes. Si bien la ofrenda se dedica al santo, a quien la memoria local atribuye el cese de la viruela, es en el Caballero y en la Dama de Fuego donde se deposita la capacidad de interceder frente a la epidemia y la enfermedad. En esta integración, la manifestación trasciende una lectura exclusivamente católica y se afirma como expresión de identidad maya, en la que la población ha reinterpretado los referentes religiosos introducidos durante la evangelización desde su propia cosmovisión, convirtiéndolos en un recurso propio para afrontar colectivamente las crisis que han marcado su historia.
El Caballero de la Viruela constituye la ofrenda ritual mediante la cual la comunidad deposita sus males y canaliza sus peticiones. Su origen se remonta al siglo XIX, como una respuesta simbólica ante las crisis sociales y sanitarias que dieron lugar a la promesa colectiva de esta práctica. Desde entonces, se ha consolidado como un elemento central de la vida ritual comunitaria, al concentrar los significados, saberes, prácticas y formas de organización vinculadas a la celebración de San Diego de Alcalá.
La Mestiza, Xunáan K’áak’ o Dama de Fuego aparece como una resignificación contemporánea dentro del ciclo ritual del Caballero de Fuego. La fuente local más detallada refiere que fue creada en 1991 por iniciativa de Adriano Uc Naal, con el propósito de complementar al Caballero de Fuego mediante una figura humana de tamaño natural que fungiera como su pareja ritual. Según esa crónica, al igual que el Ts'uulil K'áak', la Xunáan K'áak' cumple la función de portar padecimientos y se asocia con enfermedades como el cólera y el cáncer de mama. Que actúa como elemento complementario dentro del sistema simbólico de la celebración.
Más que un elemento aislado, el Ts’uulil K’áak’ articula el sistema de creencias, las relaciones de reciprocidad y la participación colectiva, a través del cual la población expresa, materializa y transmite su identidad cultural. Asimismo, representa un vínculo inmaterial entre la comunidad y los entes sobrenaturales, reafirmando la relación de protección, devoción y compromiso que sustenta esta manifestación.
El ciclo ritual comprende tres momentos fundamentales: el amarre, el peregrinaje y la quema. Durante el amarre se construye una figura humana en tamaño natural mediante técnicas tradicionales y se incorporan las ofrendas entregadas por los devotos como parte del k'eex. Posteriormente, el Caballero recorre durante tres días los distintos barrios de Nunkiní acompañado por los patrones, la charanga, los portadores y numerosos habitantes de la comunidad.
El ciclo culmina con la quema del Caballero de Fuego, llevada a cabo frente a la parroquia en el marco de la procesión dedicada a San Diego de Alcalá; la detonación del Caballero de Fuego simboliza la destrucción de los males que fueron depositados en ella durante el peregrinaje y reafirma el papel purificador del fuego dentro de la cosmovisión comunitaria. Posteriormente, los asistentes recogen fragmentos del Caballero, considerados amuletos rituales que deberán ser devueltos en futuras celebraciones como parte del ciclo de reciprocidad que caracteriza esta manifestación. En este mismo contexto ceremonial se desarrolla también la participación y posterior incineración de la Xunáan K'áak', fortaleciendo el significado colectivo de la ofrenda.
La relevancia cultural y religiosa de esta manifestación ha trascendido el ámbito comunitario en los últimos años, propiciando una mayor afluencia de visitantes y participantes provenientes de otras localidades. En este contexto, la Diócesis de Campeche reconoce a la Parroquia de San Diego de Alcalá como un baluarte de la fe católica y un importante punto de peregrinación regional. Asimismo, la creciente difusión mediática de la festividad, particularmente en torno a la víspera de la culminación del ciclo ritual y la quema del Ts’uulil K’áak’, ha generado algunos retos organizativos relacionados con la presencia de población ajena a la comunidad. No obstante, estas situaciones no han alterado el desarrollo ni el significado esencial del ritual, que continúa realizándose conforme a los principios, prácticas y valores que le dan sustento dentro de la tradición comunitaria.
Funciones sociales y culturales

Para los portadores, el Caballero de Fuego cumple múltiples funciones dentro de la vida comunitaria. Es considerado un receptor de promesas, peticiones y agradecimientos dirigidos a San Diego de Alcalá, así como un medio en el cual las personas depositan simbólicamente enfermedades, preocupaciones, sufrimientos y otras adversidades. Muchas familias acuden durante la elaboración del Caballero para entregar donativos como alimentos, prendas de vestir, sombreros u otros objetos, motivadas por la creencia y fe que, mediante esta ofrenda, podrán obtener salud, bienestar familiar, trabajo, protección para sus animales o la solución de diversas necesidades.
En el contexto de la cosmovisión maya, los portadores explican que el Caballero adquiere sentido como un mecanismo comunitario de intercambio y renovación. Su elaboración reproduce simbólicamente el cuerpo humano, incorporando elementos que representan órganos y partes vitales, pues consideran que solamente de esta manera puede recibir vida (óol) y cumplir la función para la que fue creado. En este sentido, la colocación de pólvora y petardos en partes específicas del cuerpo, como la cabeza y la parte inferior, responde a concepciones tradicionales relacionadas con el pensamiento, la voluntad, la energía vital y la renovación de la vida. Su quema simboliza la liberación de los males que ha absorbido durante el recorrido ritual y la restauración del equilibrio colectivo.
Asimismo, los portadores relacionan al Caballero de Fuego con las nociones mayas de salud y enfermedad. Explican que la manifestación funciona como un k'eex, mediante el cual los malos vientos y otras afectaciones espirituales son atraídos hacia el Caballero para posteriormente ser destruidos mediante el fuego. De esta manera, la manifestación constituye un mecanismo comunitario de purificación y protección que permite restaurar el equilibrio entre las personas, la comunidad y las entidades sagradas.
Los portadores coinciden en que el Ts'uulil K'áak' fortalece valores como la reciprocidad, la solidaridad, la responsabilidad colectiva, el cumplimiento de promesas, el respeto hacia los mayores y la transmisión de conocimientos entre generaciones. La preparación del Caballero requiere la participación organizada de familias, patrones y devotos, quienes asumen responsabilidades específicas para garantizar la continuidad de la manifestación.
Este trabajo colectivo fortalece los vínculos familiares y comunitarios donde reafirma el compromiso compartido con la preservación de la tradición. Más allá de su dimensión religiosa y ceremonial, el Caballero de Fuego constituye un mecanismo de cohesión social que fortalece la identidad cultural de Nunkiní mediante la participación activa de familias, sociedades patronales, artesanos, músicos, pirotécnicos, bordadoras, cocineras y numerosos habitantes de la comunidad. La celebración moviliza una amplia red de cooperación basada en el trabajo colectivo, la reciprocidad y el cumplimiento de promesas, favoreciendo la transmisión intergeneracional de conocimientos, valores y formas tradicionales de organización comunitaria.
Riesgos

La manifestación cultural del Ts’uulil K’áak’ presenta riesgos potenciales para su continuidad, aunque actualmente mantiene vigencia junto con un fuerte arraigo comunitario en Nunkiní. El análisis FLOR y la Consulta Previa, Libre e Informada (CPLI) identificaron diversos factores que podrían afectar su preservación tanto a mediano como a largo plazo. Entre los principales riesgos destacan la disminución del uso de la lengua maya entre las generaciones jóvenes, la reducción de la participación juvenil en las responsabilidades rituales, la limitación de recursos económicos para sostener el ciclo festivo y la ausencia de políticas públicas específicas de salvaguardia.
En cuanto a la transmisión de los saberes, es necesario distinguir entre la continuidad de la celebración y el relevo de las funciones especializadas que la hacen posible. La participación comunitaria se mantiene amplia: niñas, niños y jóvenes acompañan el peregrinaje, colaboran como cargadores y músicos, y presencian el amarre, que se realiza de manera pública. Existen, además, casos de relevo efectivo, como el de Juan Diego Chi Uc, de 34 años, quien heredó de su abuelo la responsabilidad de la Xunáan K’áak’, así como la labor del colectivo juvenil Hijos del Ceibo (Yaalo’ob Ya’ax Che’), que documenta los procesos de elaboración del Caballero, incluido el trazo de su rostro.
No obstante, las funciones especializadas señaladas en el análisis de riesgos se transmiten principalmente dentro de las familias que las han heredado, mediante la observación y la práctica, sin mecanismos formales que aseguren su relevo. Durante el análisis FLOR y la CPLI, los propios portadores identificaron una menor participación de los jóvenes en las responsabilidades rituales y reconocieron la necesidad de impulsar talleres intergeneracionales y documentación audiovisual participativa, acciones que hasta ahora se encuentran en fase de propuesta. Por ello, aunque la celebración se mantiene vigente, la continuidad de sus conocimientos especializados no está garantizada y constituye la principal necesidad de salvaguardia desde la perspectiva de la comunidad.
Asimismo, existen amenazas externas como la folklorización de la práctica, el turismo no regulado, los riesgos asociados al uso de pirotecnia, así como los impactos ambientales derivados del cambio climático. Estos factores pueden generar transformaciones en el significado ritual, además de incidir en las formas tradicionales de organización comunitaria. No obstante, la manifestación conserva una fuerte cohesión social, un profundo valor espiritual, junto con mecanismos de transmisión intergeneracional; por ello, puede afirmarse que no enfrenta un riesgo inmediato de desaparición. Sin embargo, resulta necesario implementar acciones de salvaguarda y fortalecimiento para garantizar su continuidad, así como la preservación de su valor cultural en el ámbito comunitario.
Medidas de salvaguardia

Entre las medidas propuestas destacan el impulso de talleres intergeneracionales para la transmisión de saberes, la documentación comunitaria de la manifestación para evitar su apropiación externa y la promoción del respeto hacia la práctica por parte de visitantes. Asimismo, se plantea la posibilidad de gestionar su reconocimiento como patrimonio cultural inmaterial a nivel nacional, que contribuiría a una mayor toma de conciencia sobre su importancia y cuidado.
De igual manera, se está elaborando una propuesta de delimitación de espacios destinados a la realización de la quema, con el fin de garantizar su adecuado desarrollo y preservación. Esta medida responde a problemáticas identificadas en distintos momentos del año: por un lado, durante el mes de abril, el sitio donde se lleva a cabo la quema suele ser ocupado por puestos de venta asignados por la H. Junta municipal de Nunkiní; por otro, en el mes de noviembre, se ha observado que en la plazuela las personas no respetan el área destinada a la práctica, utilizándola incluso como espacio de estacionamiento.
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Fecha de última modificación: 6 de noviembre del 2026, 15:21
Información proporcionada por:
Red Nacional de Información Cultural
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