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Los Voladores Bixom T'iiw de Tamaletom

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Los Voladores Bixom T'iiw de Tamaletom



Tancanhuitz, San Luis Potosí

Datos generales

Es una danza ritual de origen prehispánico que se ha preservado a largo de los años y se practica principalmente en la comunidad de Tamaletom. Este ritual de voladores se realiza durante fiestas patronales, en los carnavales, en los solsticios y equinoccios, en las festividades de los muertos y en ceremonias asociadas con la fertilidad agrícola. La etapa de vuelo puede realizarse en cualquier momento con fines de exhibición en la actualidad; ello requiere de un constante entrenamiento mental, espiritual y físico.

En la manifestación teenek del ritual, los voladores despliegan sus atributos de gavilanes que vuelan hacia Pulik Kiichaa, El Gran Señor del Sol. Para conocer mejor el ritual, es importante aproximarse a algunos de los aspectos específicos que lo conforman identificando las vicisitudes históricas y contemporáneas de una expresión del pensamiento simbólico transmitido mediante la tradición oral de una generación a otra de voladores.

Guy Stresser-Péan (Guilhem, 2008: 410) sostenía que lo que se conoce de las danzas de los huastecos es debido a que aún subsisten en la actualidad, y en cuanto a la danza del volador, mencionaba que:

…hace poco tiempo se propagaba por toda la región, en tiempos antiguos era una ceremonia de la hermandad de guerreros de las águilas. Una danza de los jaguares era su contraparte. Había también danzas de la tierra, de la lluvia y del maíz.

El proceso completo del ritual puede dividirse en cuatro partes primordiales. En la primera, se observa a los danzantes salir al monte en busca del árbol al que llaman “palo volantín” o “palo del volador” (dhotom-té en teenek), que servirá de mástil por el cual ascenderán hasta la cúspide de trece o más metros de altura. En relación a esta parte de la ceremonia llevada a cabo en la actualidad del siglo XXI, cabe señalar que la manera de realizarse es muy similar a lo que describió el cronista Torquemada en el XVI (1976: Lib. X, Cap. XXXVIII, 434) al narrar: “Cuando habían de volar, traían del monte un árbol muy grande y grueso y descortezábanlo y dejábanlo liso. Éste era muy derecho y del tamaño suficiente que bastase a dar trece vueltas a su redonda el que en él volaba”. Ha sido una tradición ancestral el hecho de que antes de cortar el árbol los teenek ofrenden alimentos que colocan al pie del mismo, entre los que pueden mencionarse el bolim (un tamal ceremonial) y otros objetos como las velas de cera encendidas,el aguardiente y el incienso de copal que dirigen a los cuatro rumbos cósmicos fundamentales en la cosmología teenek. Durante esta pequeña ceremonia, se pide permiso a Muxi o Señor del Mar , al Señor del monte (Mam Laab) y a la Gran Madre Tierra (Pulik Miim-Tsabaal). Hasta hace seis décadas aproximadamente el árbol podía ser cortado en las inmediaciones de la comunidad y arrastrado posteriormente por más de una decena de hombres.

La segunda parte del ritual se lleva a cabo ya en el área del Centro ceremonial a donde ha sido llevado el tronco. Ahí, uno de los voladores realiza marcas circulares con aguardiente sobre la tierra que representan a los cuatro rumbos, y una última marca al centro, representa a la madre tierra, delimitando con este gesto, el espacio que ha de perforarse para erigir el palo. Una vez cavado el hoyo, en el interior se coloca una vela, a la vez que se sahúma con copal, y en una de sus paredes se excava un pequeño agujero para colocar dentro un pollito vivo de tres días de nacido que es literalmente emparedado como ofrenda a la tierra. Mientras, el palo yace recostado sobre el piso para facilitar el amarrado de la cuerda que hará de escalera. Una vez levantado, en la punta colocan un artefacto llamado “manzana” o chomol, que es el mecanismo que permite hacer girar las cuerdas cuando inicia el vuelo. Sobre ésta, se coloca el cuadro con arcos enramados representando a los Dioses del Viento que sostendrán a los voladores. Una vez colocado, nuevamente se ofrenda y se esparce copal al pie del mástil.

La tercera etapa de la ceremonia es cuando los voladores aparecen ataviados con un gorro rojo de forma cónica hecho de plumas. Puede observarse que en las manos sostienen un atado de plumas de águila como una suerte de extensiones para simular las alas. Son cuatro voladores,uno para cada rumbo del cosmos y un quinto danzante, el último en subir, es el capitán o caporal, quien se colocará en el centro que corresponde al lugar de la Madre tierra. Allí, mientras danza, ofrece una jícara sagrada, al tiempo que sopla aguardiente a los cuatro puntos. Una cuerda atada a la cintura sirve a cada uno para descender de cabeza creando una espiral, incluyendo al capitán, quien bajará encaramado a la cuerda de uno de los voladores. Son trece vueltas en total desde la parte alta del mástil hasta que tocan el piso, que multiplicadas por cuatro suman cincuenta y dos, lo que puede considerarse en un rasgo eminentemente mesoamericano que han compartido los teenek con otros pueblos, ya que este número se vincula a creencias ancestrales relativas a la era del Fuego Nuevo o siglo indígena. El ritual de los voladores representa la renovación permanente del cosmos ante su propio desgaste.

En esta etapa del ritual hay otras danzas que tienen lugar sobre la tierra, por ejemplo, la danza colorada encabezada según algunas versiones por el Dios del fuego, en la que participan hombres y mujeres que forman dos círculos concéntricos. Esta ceremonia tan compleja en sus distintas etapas se lleva a cabo durante varios días, por lo que posterior a los primeros descensos, ocho días después aproximadamente, el capitán de danza sacrifica un guajolote en la punta del mástil donde ofrece sus plumas a los cuatro vientos. Esta vez, al descender, uno de los danzantes extenderá los brazos sosteniendo al guajolote muerto, con el que finalmente, se elaborará una comida ritual al cocinarlo dentro de un hoyo que servirá de horno de leña; éste se cubren de tierra dejando un montículo. Mientras dura el cocimiento,las mujeres danzan noche y día alrededor del palo volador sosteniendo un cordel hecho de flores.

La cuarta y última etapa es indicada por el cocimiento del tamal. Los danzantes regresan y bailan alrededor del montículo antes de desenterrarlo. Finalmente, la comida ritual es llevada a la cueva sagrada donde continúan las ofrendas y las “limpias” que se hacen a los danzantes hombres y mujeres rociándolos con aguardiente.

Dividir esta tradición en varias partes nos permite detectar que la ceremonia total se compone de varios eventos rituales en los que están implícitos distintas expresiones estéticas como la vestimenta de hombres y mujeres, la música y la danza.

Todo ello se manifiesta en los tres planos del cosmos, el terrestre, el celeste y el inframundo. Se observa además la representación reiterada de los rumbos del universo, los rezos, los alimentos y la eminente presencia de las aves tan importantes en la vida simbólica de los teenek pues significan en parte al contexto diurno.

Elementos materiales de la danza ritual:
Palo volantín
Música de tambor y flauta de carrizo
1 Cuadro con arcos enramados
Manzana o chomol
Cuerdas
Vestimenta tradicional: pantalón y camisa de manta, gorro cónico con plumas

Elementos de la ofrenda:
Copal
Jícara
Bolim
Aguardiente
Velas
Cigarros

Categoría

Ritual Ceremonial
 
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Fecha de última modificación: 10 de octubre del 2019, 8:34
Información proporcionada por:
Red Nacional de Información Cultural
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